Mis amigos los Vespeinados, una legión de tipos simpáticos, creativos (visiten su página vespeinados.com y lo comprobarán), aman ese mito sobre dos ruedas que si Corradino Dascanio no lo hubiese inventado este mundo en el que vivimos no sería igual.
Sus reuniones, se lo aseguro, son geniales y muchos de ellos conservan joyas de incalculable valor, con las que no renuncian a paseos y kedadas que tienen un sabor muy especial para los que somos vespistas de corazón y tradición, aunque ahora viajamos en scooters japos.
Gracias a tipos como los Vespeinados o sus primos los Avispados, la Vespa, aquel engendro parecido a una moto que nació en los años 50 y tuvo dos décadas de esplendor, vive una segunda juventud, convertido ahora en un icono de modernidad, de vanguardia, cuando ya los motores son de válvulas, la refrigeración por agua y los frenos de disco.
Volta a GaliciaPero antes de que los Vespeinados sacasen del aramario las olvidadas Vespas y las pusiesen de moda, en Galicia el scooter de 200 c.c. con bastidor de chapa y suspensión delantera de ..¡muelle, coño, que hay que decirlo! Vivió otra época de esplendor. Se lo cuento. Año 1978, el panorama motociclista era en blanco y negro, como las páginas de la única revista especializada que se editaba por entonces en España, el Motociclismo que dirigía mi buen amigo y maestro Javier Herrero y que comprábamos todos los martes por 25 pesetas, por necesidad, como si fuese el aire que respirábamos.
Las carreras no salían en la tele, pero ya veíamos en los telediarios a Ángel Nieto, a Víctor Palomo, y a Ricardo Tormo ganar carreras del mundial. Juan Torrón en ruta, en la VoltaEn la calle vivíamos una revolución con la llegada de las primeras motos japonesas, sometidas por entonces a un reducido cupo de importación (Kawasaki, Honda, Yamaha), y reinaban las BMW bóxer, las Benelli Sei con sus aullidos irrepetibles, las Guzzi y las Laverda o Morini llegadas de Italia. Eso para los que tenían pasta.
Por aquel entonces los que estudiábamos o teníamos sueldos milpesetistas mirábamos con envidia a los privilegiados multicilíndricos desde el manillar de una Vespa, que hacía honor a su primitivo cometido de vehículo humilde y económico.
Un buen día de 1978, el Club Moto Vigo, presidido por el doctor (y no era Rossi) Modesto Vázquez-Noguerol tuvo la feliz idea de crear un rally de regularidad para motos. Pronto El Corte Inglés se sumó al proyecto como patrocinador principal y las primeras inscripciones no tardaron en llegar, primero desde Vigo, pero después desde La Coruña y el resto de las provincias. La idea cautivaba: cuatro días recorriendo las por entonces tercermundistas carreteras gallegas, haciendo medias de 50 kilómetros por hora, con equipos formados por dos motos y con el cronómetro como juez.
Presentación VII Volta a GaliciaLos vespistas dudamos. ¿Serían capaces nuestras lavadoras con ruedas (eso decían los de las BMW) de hacer una media de 50 kilómetros por hora subiendo O Caurel o los Ancares?. Una frase de Alberto Alonso, uno de los aguerridos de entonces, lo dejó claro: "Si no lo hacemos subiendo, después hay una bajada y recuperamos.¡A cojones no nos gana nadie!". Esa frase encendió la chispa de orgullo que en ese momento necesitaban Vespistas como el propio Alberto, Manuel y Sandro Portela, Fran Mosquera, Jose Cardama, su compañero Juan Ares, Salvador Sas, Paco Morfisa, José Manuel Estévez, Juan Torrón, Marcos Pérez y otros muchos, que se anotaron a aquella primera Volta a Galicia. Y tenían razón. Subiendo palmaban como nadie, superados por los acelerones multicilíndricos de sus rivales alemanas, japonesas e italianas.. Pero en la bajadas cambiaba el panorama y los de las Vespas, cruzando rueda trasera, rascando chapa contra las cunetas, exprimiendo el acelerador, echando mucha testiculina por el tubo de escape, conseguían pasar los controles en su hora. Manuel Portela y Alberto Alonso consiguieron ganar con sus Vespas P 200 la mítica prueba, sacando el complejo a todos los vespistas y los colores a los BMWistas que incluso con un equipo oficial de Moto Busquets habían llegado de Barcelona. La hazaña de Manuel y Alberto la repetirían en la séptima edición Mario Cardama y Mundo Sastre, que también conseguían el triunfo con Vespa y este último se proclamaba campeón gallego. vespa con artesanal portarrutómetro y Veglia con parcial En la tercera edición la revista Solo Moto, la segunda en España, mandó a un joven periodista americano, Dennis Noyes (¿os suena verdad?), a hacer un reportaje de esa Volta a Galicia que reunía a más de ciento cincuenta equipos. Noyes llegó en su pequeño y viejo Mini Van a Galicia y decidió esperar a la Volta en los Ancares de Lugo. El día amaneció frío, con una nevadita mañanera de las de entonces (y ahora a veces) que dejó la carretera helada, mojada, y para poner un poco más de suspense, con niebla. Uno a uno los participantes subieron los Ancares por las serpenteantes curvas y entre ellos iba un Vespista con una muñeca rota una semana antes, perfectamente inmovilizada por el doctor Borrás que como buen deportista que era le espetó : "yo te inmovilizo y te digo que no puedes participar, pero si te tomas antinflamatorios y soportas el dolor, pues... tú verás". De sobra sabía el bueno de Genaro que el chaval no se perdería la Volta a Galicia. Pero lo que no se me olvidará nunca fue la cara de Dennis Noyes, curtido en mil carreras, después de haber ascendido el infierno de Ancares en su viejo Mini que se recalentaba, cuando vio llegar a tanta Vespa entre los participantes y más cuando vio las clasificaciones y todas estaban en los primeros lugares. Su reportaje en Solo Moto, tan bueno como todos los suyos, reflejó la épica de aquella carrera memorable. Aún lo conservo.
La Volta a Galicia, en sus siete ediciones, puso a las Vespas en un lugar que no les correspondía en las carreras de regularidad tan frecuentes por aquel entonces. Pero aquel grupo de Vespistas vigueses no se iban a parar ahí. Sacudidos sus complejos, envalentonados con aquellas lavadoras de competición en que habían convertido sus humildes Vespas, querían más. Por entonces en Vespa España todavía había vespistas de corazón como su director de comunicación Luis Azcue (¿queda alguno ahora en Piaggio España?), o su director técnico Marabini, que parieron un campeonato a nivel nacional con carreras de resistencia en circuitos (urbanos, claro) sobre las vespas, como ya se hacía en Italia. Aquella descabellada iniciativa pronto tuvo eco en los concesionarios catalanes que prepararon motos sobre las que corrieron jóvenes pilotos como Carlos Cardús, Sito Pons, Dani Amatriain, ¿les suenan?. Apurando la tumbada en Bouzas Mientras tanto en Vigo, al frente del concesionario Vespa estaba un tipo excepcional llamado Mingos que llevaba también la marca en el corazón. Entre eso y los encendidos vespistas trinfadores de la Volta, hizo falta muy poco para que se encendiese la chispa. Así el 30 de marzo de 1984 se creó (recreó más bien pues ya había existido) el Club Moto Vigo, Marcos Pérez asumió su Presidencia, y se buscó un lugar donde celebrar la comentada carrera de resistencia. Como en aquel momento la Autoridad Portuaria había decidido comerle a la Ría unos miles de metros cuadrados en Bouzas, que se encontraban urbanizados en calles, se pidió permiso para hacerla allí. Así nacieron las III Horas de Resistencia Vespa celebradas en Vigo un día de julio de 1983 y que congregaron a un plantel de 20 equipos, encabezados, como no, por Alberto Alonso y Manuel Portela, su hermano Sandro con Fran Mosquera, José Cardama y Juan Ares, que conseguirían la victoria en aquella primera carrera, Maxi de la Campa, Salvador Sas, Juan Torrón, Jose Martínez,Camilo Iglesias, y los espectaculares Rafa Arias y Jose Manuel Estévez, entre otros.
La carrera fue un gran acontecimiento en Vigo, cada equipo tenía a su grupo de fans, las tertulias moteras se calentaban hablando de favoritos, la prensa (Faro de Vigo en su suplemento de motor) hizo un gran despliegue y el día D en Bouzas se respiraba ambiente de Gran Premio. Con un circuito al uso, con farolas, aceras y balas de paja, con boxes para que los equipos hiciesen el cambio de piloto y repostaje, con un Manolo Vespa que no paraba reponiendo direcciones y manillares de todos los que se iban al suelo, aquel día se vivió una jornada de motociclismo como no se recordaba en Vigo desde que el campeonato de España abandonó las calles de Coya. José Cardama, en su territorio de Bouzas Aquel día surgió el primer crack vespista de Vigo, Jose Cardama, un tipo sencillo, sin alardes, pero al que nadie era capaz de seguir el ritmo sobre la lavadora con ruedas. Alonso-Portela y Arias-Estévez también demostraron su contundencia y completaron el podium.
Aquella carrera sirvió para que los mejores vespistas vigueses fuesen a la final nacional, que se disputaba en el circuito del Jarama ¡un sueño para todos ellos!, donde los equipos catalanes eran favoritos. Las tres horas de resistencia Vespa del Jarama se las llevaron los equipos vigueses que hicieron doblete en el podium con Ares-Cardama en primer lugar y Estévez-Arias en segundo. Eso sí, previa verificación de sus motocicletas por parte de Marabini, tras una reclamación de los concesionarios catalanes que no se creian que vinieran unos irreductibles celtas a enseñarles a correr en Vespa. Los terceros ni siquieran quisieron subir la podium con la rabieta. La muñeira sonó aquel día más fuerte que la sardana. Cardama y Ares en el podium del Jarama Después de aquella primera temporada vinieron otras con finales nacionales en Montjuich, la segunda edición en Vigo, ya con categorías de series y protos fueron para Alonso-Portela (protos) y Cardama-Cardama (series), las carreras se extendieron de Vigo a La Coruña, Orense y Pontevedra, se creó un trofeo gallego de velocidad en Vespa y llegaron nuevos pilotos como Ricardo "la araña" Suárez, José Rabadán, Antonio Trigo, Jorge Ponte, Roberto "Buzo" Santos, los coruñeses Mena, Añón y hasta María Barcia, la única chica que corría, que marcaron una época. Incluso la vespamanía que se desató en aquel momento llevó al Vespa Club Vigo a organizar carreras en Tierra, los "Vespaterra", como el de Playa América, o incluso a participar en el Dirt Track de Samil como teloneros.
La lavadoras con ruedas habían pasado a convertirse en Vigo en cotizadas motos de competición y todos preparaban una para correr. Nadie quería perdérselo.
Aunque hoy en día suene raro aquella fue la época en la que las Vespas dominaban el asfalto. Como ahora, todo se fraguó con la ilusión de un grupo de vespistas, tipos únicos en el mundo de la moto, capaces de cualquier cosa, por rara que parezca. Estas líneas pretenden ser un homenaje a todos ellos. Salida de las III Horas de resistencia Vespa en el Jarama |