Tres Reyes es el título de una película de tres pillos en
busca de un tesoro en plena Guerra del Golfo.
Pero Tres Reyes es también una mano ganadora en el póquer. Y
los tres de la foto eran, a principio de los setenta, tres reyes en el
motociclismo gallego. Ángel Leirós, Luis del Río y "Nikis", trio de reyes, trío
de ases, tres pillos, jugada ganadora.
A la izquierda vemos a un joven Ángel Leirós, al que no hace falta que les diga porqué sus amigos
le llamaban "peludo". La estética de heavy metal no es casual pues en aquella
época tocaba en un conjunto de rock, pero quiso la fortuna que pronto
descubriera su verdadera habilidad, que no era otra que la moto de trial. Sobre
las Cota de Montesa llegó a ser piloto oficial, con la ayuda de Ángel Carrera (Anca),
y resultaba insólito que un gallego se codease con lo más granado del trial
español, en aquel momento dominado por catalanes como Gorgot, Gallach o Subirá.
Leirós fue la primera estrella en el firmamento trialero gallego.
El pasado domingo me acerqué a las laderas de La Virgen de
la Roca, en Baiona, para presenciar la última prueba del campeonato gallego de
trial. Era un día inclemente, llovía a cántaros, hacía viento y frío. Al pie de
la Virgen que mira al mar ví el duelo generacional entre Toñín y Jose Suárez,
la magia de Jorge Casales, la supernova en la galaxia trialera, y hasta la
tozudez de una jovencísima Emma Castañeiras, una chica dura en un universo de
chicos. Pero me llamó al atención un cincuentón, alto y aún espigado, con poco
pelo ya pero todavía rubio, que se peleaba sobre su Beta en las duras zonas del
Moto Club Val Miñor. ¡Era Ángel Leirós!, treinta y cinco años después de esta
foto y aún aferrado al manillar de una moto de trial luchando contra la
naturaleza.
A principio de los setenta Ángel Leirós era un rey para mí y
para otros muchos chavales que nos acercábamos a las canteras de San Pedro de
Sárdoma para imitar con nuestras Puch Minicross las virguerías de aquel rockero
de Montesa que calzaba botas Dunlop, Belstaff engrasado y gorra al más puro
estilo "british".
A la derecha está José Fernández Prado. Quizás a muchos no
les suene este nombre, pero todos se acordarán de su mote: "Nikis". Dice la leyenda que por su afición a pedir camisetas en
todo cuanto establecimiento entraba aquel pillo chaval de Valladares loco por
las motos. Empezó de trialero (en la foto le vemos con una Sherpa que le compró
precisamente a Luis del Río), pero un día vio a Capapey y Mendívil subiendo
como tiros con sus Bultaco Pursang por las laderas del circuito del Meixoeiro (en los
terrenos sobre los que hoy se alza el segundo hospital de Vigo) y quedó
prendado por la magia de la velocidad sobre tierra. Se convirtió en domador de
Pursangs y Cappras, bestias salvajes dispuestas a tirarte al suelo al mínimo
descuido y fue el mejor durante más de una década en el panorama del motocross.
Fuerte como un toro, con una técnica poco depurada pero muy eficaz, Nikis fue
invencible sobre los circuitos gallegos hasta que apareció Paco Peto (pero esa
es otra historia..). Daba gas como nadie y además creó escuela tras él.
Confieso que Nikis fue otro rey para mí. Después de
comprobar que el equilibrio dinámico no era lo mio y que nunca sería como
Leirós, decidí comprarme una Pursang MK9 para imitar a Nikis, con el resultado
de.....un hombro violentamente arrancado de su sitio, dos operaciones y sentir
como Nikis me doblaba, más o menos, una vuelta por cada cuatro que yo daba al
circuito y me despegaba los adhesivos de la Pursang en cada pasada.
La verdad es que Leirós y Nikis me convencieron de que lo
mejor que podía hacer en las carreras de motos era... contarlas en los periódicos.
Los dos son leyenda viva del motociclismo gallego.
El tercero,
desgraciadamente, no. Un automóvil que se cruzó en la trayectoria de su moto acabó con su vida en una
avenida de Coia. Luis del Río era un
crack, un pionero, un líder nato, un tipo genial al que todos seguían. Como trialero nunca
fue tan virtuoso como sus amigos Leirós o Hugo Lamarca, pero él era el tipo
capaz de conseguirlo todo, con su capacidad de seducción, su verbo fácil, y su
poder de convicción.
Guardo entre mis recuerdos el día de su entierro, al que por
primera vez acudimos en masa los moteros que ejercíamos de tales en Vigo. Quizás aquel día empezamos a
tomar conciencia de que somos carne de guardarraíl. ¡Qué falta nos hacía Luis
del Río para lo que vendría después!
Es el tercer rey.
Paco del Río ha permitido con su instantánea en blanco y
negro recordar a tres personajes fundamentales, sin los cuales no se puede
escribir la historia del motociclismo gallego.
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