Entre los amantes
del motociclismo nadie duda en calificar al rally Dakar
como "La
última gran aventura", pero todos sabemos que es una empresa harto difícil
de poder disfrutar,
tanto por lo cerrado de las listas de inscritos como por el elevado
presupuesto
necesario para afrontarlo. Nuestro amigo Jose Mª Peña lo ha disputado
en 2 ocasiones, la
última africana y la primera del cono sudamericano, consiguiendo
en su primera participación
pisar el podium en Dakar en la categoría de quads. Pero
esa etapa, por el
momento, quedó en suspenso, y cuando la cuadrilla se juntaba a
tomar un café se
acababa planeando otro tipo de viajes y o aventuras, como la ruta 66,
cabo Norte, la Panamericana,
sin caer en la cuenta de que la ruta de aventuras más
antigua conocida
la tenemos en España, y pasa por la puerta de nuestra casa, "EL
CAMINO DE
SANTIAGO", la gran epopeya europea desde antes de la
edad media en
que los
aventureros iban en busca del final del mundo conocido. Necesitábamos
plantear un reto,
añadir dificultades. Ir por el campo con moto de campo resultaría
sencillo, así que
puestos a buscar ideas se nos ocurrió que la moto menos adecuada
para ir por los
caminos sería un scooter. Planteamos la idea a TGB España y les
encantó la idea.
En la confianza de que sus vehículos son duros y fiables, nos confió 6
scooters de su
modelo Express, más que una moto es una herramienta de trabajo
para repartidores,
servicios de mantenimiento, cadenas de alimentación a domicilio,
etc. Y a nosotros,
que ya estábamos metidos en el papel de peregrinos, nos gustó
mucho esa moto con
mochila.
Nos encaminamos a
Roncesvalles para iniciar nuestro particular Camino de Santiago, llegando a nuestro
punto de partida antes del amanecer. Hasta la víspera las temperaturas en la
península habían sido excepcionalmente cálidas, pero esa mañana los termómetros se
situaban en los cinco grados negativos. Pero el cielo estaba magnífico.
Al
final del día los cuentakilómetros nos indicaban que habíamos recorrido
146 duros
kilómetros. A la mañana siguiente, Jose Mª nos hizo madrugar, ya que el
programa
comprendía realizar la etapa maratón, nuestro objetivo era llegar a Sahagún,
pero dado que todo
transcurrió sin mayores problemas conseguimos llegar a León,
completando así
305 kms. El tránsito por tierras riojanas no supuso mayores
incidencias, pues
los caminos de parcelaria que transcurren entre sus viñas se
encuentran en
bastaste buen estado. Al entrar en tierras burgalesas, en el ascenso al
puerto de La
Pedraja, comienzan las complicaciones. El agua caída días atrás deja
grandes charcos
plagados de roderas, y que a pesar de ser mediodía, permanecen
congelados. Por
Atapuerca, los caminos continúan en la edad de piedra, incluso peor.
Las lajas y el
hielo no son buenos compañeros para los neumáticos de nuestras
Express. Cruzamos
Burgos para encaminarnos a Castrojeriz, una localidad que nos
dejó importantes
recuerdos; antes de alcanzarla un tramo de barro hizo que se
embozaran los pasos
de rueda de nuestras scooter y mas tarde en un rápido ascenso
con la tierra muy
suelta se produjeron dos salidas de pista, afortunadamente sin
consecuencias para
máquinas ni pilotos. Salimos de León con los termómetros
aterrándonos con
unos negativos 9 grados, pero el sol tampoco quería perderse este
nuevo tramo.
Cursos de agua que normalmente se vadearían, en esta mañana
resultaban
imposibles, estaban completamente helados. En Astorga da comienzo una
de las zonas mas
bonitas del camino con enclaves tan significativos como la Cruz de
Hierro, El Acebo y
un vertiginoso descenso hasta Molinaseca, para adentrarnos en El
Bierzo y llegar a
su capital Ponferrada. La siguiente dificultad nos la encontramos para
ascender hasta el
primer enclave gallego, O Cebreiro, con su conjunto histórico
artístico. Un poco
más adelante el hielo sigue haciendo de las suyas y algunas rampas
en subida también
ponen a prueba nuestro estado físico y los embragues de las
Express, pues
tenemos que subir las motos a mano. Más adelante, una caída al entrar
en una zona de
barro nos obliga a hacer un relevo entre los peregrinos, y de nuevo
nos enfrentamos a
caminos en mal estado con mucho hielo, que retrasan nuestro
avance. Al
anochecer conseguimos alcanzar Portomarín, para disfrutar de un
merecido descanso
tras 222 kilómetros. La cercanía a Santiago espolea nuestros
ánimos y antes de
amanecer ya estamos preparados para partir hacia una etapa
sumamente
divertida que suma caminos revirados, sendas entre bosques de
eucaliptos y zonas
rápidas para llegar al Monto do Gozo, desde donde ya divisamos
nuestro primer
objetivo, Santiago de Compostela. La visita a nuestro patrón es
obligada y con el
permiso de la policía local accedemos con nuestras TGB a la plaza
del Obradoiro.
Decidimos continuar esta ruta que tenía su meta en Finisterre, el final
del mundo conocido
antiguo. Un recorrido por carretera con el consiguiente
divertimento que
supone circular en grupo y con monturas de idénticas prestaciones, y
que nos deparó la
única incidencia técnica de todo el viaje, un pinchazo en el
neumático trasero
de una de las motos. Resulta paradójico que tras 800 kilómetros por
caminos, sea el
asfalto que deteriore un neumático diseñado expresamente para el.
¿Cosas de meigas? |